jueves, 9 de diciembre de 2010

Hola

Te vi ahora muchas veces, algunas en buenas compañías, las demás desearía no hubiesen pasado. Hablamos poco, lo sé, pero poco en mi mundo es suficiente. Te vi denuevo, bajo las gradas, sentada con tu carita de niña perfectamente inmaculada. Me viste y hablamos, no dijimos nada. Te acercaste tanto, sin ningún reparo, ningún movimiento en falso, claro y directo como nunca lo habían hecho. No pude hablar. Cómo explicarte que el solo hecho de tenerte tan cerca, de sentir tu respiración sobre mi pecho, el olor de tus manos a cigarro me dejaron tantos nudos en la garganta que mi única expresión fue: gracias. Cómo decirte todo eso que trague, ese abrazo que me guarde tan dentro, ese beso que murió solo en mi mente, esa vida juntos que soñé en un instante. Te vi, mayor y cada vez más solemne y bella, perfecta en tu forma y ejecución, toda y absoluta como siempre quise. Te vi, sin verte y sin interesarme en ti, sin fijarme en quien eras y te deje ir. Te vi, ahí, acá, donde siempre estás, donde nunca estarás y siempre quise que estuvieses.