jueves 9 de diciembre de 2010

Hola

Te vi ahora muchas veces, algunas en buenas compañías, las demás desearía no hubiesen pasado. Hablamos poco, lo sé, pero poco en mi mundo es suficiente. Te vi denuevo, bajo las gradas, sentada con tu carita de niña perfectamente inmaculada. Me viste y hablamos, no dijimos nada. Te acercaste tanto, sin ningún reparo, ningún movimiento en falso, claro y directo como nunca lo habían hecho. No pude hablar. Cómo explicarte que el solo hecho de tenerte tan cerca, de sentir tu respiración sobre mi pecho, el olor de tus manos a cigarro me dejaron tantos nudos en la garganta que mi única expresión fue: gracias. Cómo decirte todo eso que trague, ese abrazo que me guarde tan dentro, ese beso que murió solo en mi mente, esa vida juntos que soñé en un instante. Te vi, mayor y cada vez más solemne y bella, perfecta en tu forma y ejecución, toda y absoluta como siempre quise. Te vi, sin verte y sin interesarme en ti, sin fijarme en quien eras y te deje ir. Te vi, ahí, acá, donde siempre estás, donde nunca estarás y siempre quise que estuvieses.

jueves 2 de septiembre de 2010

Estos días

El sol se torna rojo
cual vestido hecho despojo
la luz adquiere nuevo brillo
y la luna es ahora algo sencillo

La lluvia cubre denuevo la ciudad
el frío inunda, todo resulta ser verdad
la grama, el cielo, la tierra y el infierno
parecen desaparecer como hojas de cuaderno

Solo quedan estas calles
rostros y nombres perdidos
nada ya, solo detalles
en un recuerdo por el tiempo esparcido

Se va para volver
se queda para amar
se mueve a perder
todo lo que pudo dar

Son estos días de coincidencia
Uno en oriente, otro occidente
que atormentan su conciencia
que oportuno, mágico accidente

Una estrella en el desierto
una gota de agua en el mar
alguien que siempre pudo recordar
un amor que pudo ser cierto

A segundos de colisión
queda una sola desición
tratar, no tratar
perder o ganar

Estos son los días que van de caída
de invitaciones y oportunidades
nuevas y viejas ciudades
todo nada sin esa única vida

martes 23 de marzo de 2010

Desde hace tiempo

Ella siempre prefirió estar sola. Siempre fue la persona que almorzaba lejos, disfrutaba del silencio para poder pensar y meditar sobre su vida. Decía que la acercaba a si misma. En el silencio, practicaba meditaciones para apasiguar su mente, calmar sus demonios para ponerlo en un contexto mas budista. Claro, el oriente estaba muy presente en su forma de pensar, todos en un perfecto circulo de reencarnaciones. Así se sentaba todos los días a ver comer a la gente, observando y clasificando uno a uno por sus problemas o "misiones". Nunca siquiera considero hablarles, eran demasiado terrenos para una mente en crecimiento, su propia devolución era mucho mas importante, después de todo para que son los amigos si no se tiene a si mismo. Es muy usual verla cruzando miradas con todos los que pasan cerca, tratando de comprender sus vidas, tan lejos como es posible, pero queriendo estar cerca. Cree en el amor como un concepto, vibraciones positivas en armonía perfecta, auras doradas y dioses en miniatura en el corazón de todos. Un estado mental, nada mas. Para ella amar es simplemente ser, no existen emociones absurdas mezcladas, uno ama a los demás porque se ama a si mismo, todos somos uno y la separación es ridícula, todo es una ilusión: nada mas. Cree ferbientemente, gracias a sus lecturas descomunales, que para ser amado y amar es necesaria la paz interna. Como acercarse a alguien externo si no se tiene a si mismo, como buscar algo externo si todo esta adentro. Los últimos días ha perdido su compostura, su mesa de almuerzo se tambalea al son de sus rodillas frenéticas. Su paz se ha ido, y se ve muy abrumada. La soledad le ha golpeado. Hizo contacto con dios, en su mas intima forma, lo conserva muy bien guardado en el fondo de su corazón, junto con todas las demás personas; desea hablarles, abrirse y hacer amistades, crecer juntos y amar, ser amada, tocar y ser tocada, acostarse con gente que no conoce, tener a gente que quiere y mas importante tomar a la que no quiere. Quiere hacer todo lo que perdió para ganarlo Todo. Alguien le saludo el otro día, ella no supo decir hola.

domingo 17 de enero de 2010

Mi nuevo mundo

El tiempo, más que cualquier otra cosa, puede cambiar a las personas. Hace no mucho, tube la gracia de conocer un grupo peculiar de estudiantes. Todos diferentes y extraños entre cada uno. La verdad, me parecían salidos de otro universo, eran hermosos y vibraban con una música que me era desconocida. De donde yo venia, todo era más callado. Lo más lógico paso: me deje llevar a su mundo maravilloso. Allí todo era diferente. Las puertas eran amplias y las ventanas siempre daban a un cielo estrellado. Cada sonido tenia un mensaje en si mismo, existía un lenguaje intrínseco en cada cosa de esa naturaleza: todo se entrelazaba y todo se buscaba. Hoy en día, aquel grupo singular de jóvenes me parece cambiado. Todos son aun diferentes, pero en un sentido completamente distinto. Cada uno del grupo mantiene su esencia, pero es del todo diferente: el brillo singular desapareció. Su música es disonante, y la armonía de perfección se marchó. Ahora, habito en mundo nuevo, muy separado de los que en algún tiempo fueron tan cercanos. Aquí no existen brillos ni música exótica, ni cielos estrellados y mucho menos lenguajes hermosos. En este espacio, solo existimos mis pocas notas melódicas, un pequeño grupo de estrellas brillantes y un fuego prometedor. No hay nada que no se pueda hacer, nada que no se pueda cantar, nadie que no se pueda querer. Mi nuevo mundo se llama Amor.

jueves 14 de enero de 2010

Una nueva vista

Los cielos despejados le hacen bien al corazón, mi padre repetía eso muy seguido cuando era pequeño. Los últimos días lo he sentido por primera vez, el cielo azul tiene ya tres días de no ostentar una sola nube y, mi corazón, parece más despejado que nunca antes. Como si existiese alguna relación natural, casi imperceptible, los cielos y mi alma navegan en una sola dirección. Las fuertes brisas y los helados soplos de este clima me han devuelto algo más que las sonrisas perdidas: las ganas de sonreír. Nuevas costumbres han aflorado con estos nuevos descubrimientos, cada día cerca de las diez de la mañana debo ver el cielo. Me acerco a un paso ansioso, casi desesperado, al ventanal del edificio en el que trabajo para ver a mi alma despejada. El azul inmenso y profundo me toma y me hace girar freneticamente; hago círculos sobre una espiral que solo podría asemejarse a la Felicidad. Temo que como la paz que traen, estos nuevos vientos han traído sorpresas muy grandes. Como mi nuevo amante, el cielo y yo nos hemos dejado llevar por estos vientos tempranos, estos vientos violentos que poco a poco han hecho que mi humor se vuelva inestable. Si, soy feliz, pero muy a menudo giro y cambio de parecer. La felicidad solo espera un breve instante y luego, con las nubes, huye. Temo no ver el cielo, creo que si lo pierdo de vista un día podría marcharse y dejar una estela oscura y negra como la noche; temo que si lo pierdo me perdería a mi mismo; temo, más que nada, que si se va, no tendré que ver en las mañanas y seré como todos los demás ciegos que trabajamos en el mismo edificio.

sábado 5 de septiembre de 2009

Un pájaro y nada mas

La mirada me desajusta la percepción. Siempre que trato de permanecer constante en alguno de sus ángulos todo se desbarata como naipes frente a una tormentosa llovizna. El zoológico de luces y colores deslumbrante de mi pecho desborda ante el inminente desbalance de sonidos. Solo la armonía de la ostentosa luz purpurea me parece hacer sentido bajo el aura de frialdad y emotividad congénita. La virtud de su andar es tanta como es su honestidad ante su condición. Solo la noche, las estrellas y su alma conocen de sus andares, solo el sintetizador icónico de mi mente sabe que describe. Un blanco ,de tipo azul, me miente bajo el efecto de su presencia y mientras estos seres equidistantes y de singular apariencia me atormentan con su desidia a la vida, nada parece perder tanto la importancia como la cordura. Todo se desarma frente a ese vaso medio lleno de locura. No compartimos nada de relevancia juntos, no compartimos, siquiera, un trago de sanidad en la misma dirección. Somos como las aves del paraíso que juntas navegan solas como albatros heridos, de andar simiesco y parecer flotante. Somos, juntos, como humo que deshace el avanico eléctrico de la sala de un antiguo salón. Algunos días, como tal, son mejores que otros y esta noche, en si misma, parece salida de un cuento nocturno de estremecer estentóreo y liquido. Así, en este lugar tan mareado, tan ajetreado y musical, entretuvo mi mirada aquel pájaro extraño, enjaulado en un mundo diferente al suyo. Distante pero enfocado en cada punto preciso de esta prisión concéntrica, con una mirada me hizo entender lo obtuso de nuestras costumbres: somos, en cuestión, unos simios danzantes, ebrios de éxtasis; era amable, casi de otro tiempo discontinuo, mezclado con la incomodidad de una época reciente. Un joven atrapado con costumbres de antaño, un baile exótico de abanicos marroquíes y vestidos neoyorquinos. Un rápido vistazo a sus vestimentas indicaba una desesperada lucha, por un lado el febril joven atrapado en su pecho y por el otro el antiguo demócrata de viejas usanzas. El joven, por donde quiera que se le viese, era, por si y en si mismo, una contradicción viviente. Su amabilidad aparto mi vista del ajetreo. Las luces parecían no afectarle pero le adormecían de una manera intima que ni siquiera él lograba comprender. El pájaro era por dentro una dispersión diametralmente opuesta de arquetipos, y con una sola mirada desprendió de mi todo aquello con que mi mente se aferraba a la sana realidad. Me dirijio palabras que llegaron a mi corazón como una tormenta eléctrica, como un rugido de león, como un huracán que arrasa con todo a su paso. Nada vale en este mundo si no es por su propio peso, nada importa en una vida que por su propia importancia y nada da felicidad en una acción que por la mera gana de hacerla. Esto me enseñó el joven espirituoso, mientras danzaba bajo notas misteriosas. Si te mueves es para hacerlo, tus sentidos no te dejan sentir más allá de lo que te permiten, el espejo muestra solo lo que eres: tu propia persona bajo un antifaz de una imagen distorsionada por el tiempo.

viernes 28 de agosto de 2009

Solo para ti

Siendo honesto, me gustaste desde la primera vez que te vi. Aquel soleado día en que me enrede viendo tus piernas correr en el sol. Así pasabas, tan lejos de mi mundo que apenas podía verte. Y fue un gran día cuando me descubriste viendote, y me diste esa mirada furtiva y amenazadora, como aquel que proteje su intimidad de invasores. Desde ese entonces, mis horas eran muy tajantes, estabas cerca o no. Lo admito, quizá fui un torpe y descolorido amigo, y quizás aun peor enamorado, pero tu presencia simplemente desarmaba todo lo mejor de mi; te juro traté, incluso, de ocultar aquello que me es más natural, mi personalidad jovial y estentórea, mis bromas de mal gusto y mi particular sentido de apatía. Cuando entraste en mi mundo, la pequeña burbuja parecía crecer, ser más responsiva y tomar los colores de las más bellas bugambilias, ese color que te sienta tan bien. Jamás creí poder vivir momentos tan soñados, fuiste un golpe a mi sentidos y si toque el cielo en cada respiro. Tu cara aun me asombra cada vez que desfila por mi memoria, tus ojos avellana y tu sonrisa tímida, casi completa, me roban de sueños diferentes cada noche. Y así te me fuiste, tal y como lo dictan todas y cada una de las tragedias que leías a diario. Te fuiste tan lejos, tanto tiempo, que tu presencia se siente en esta casa. Todas tus pinturas parecen vestirse de negro, y solo crecen enredaderas en el jardín. Siendo sincero, te amé con locura y todo el corazón; a decir verdad, quisiera nunca haberte conocido.